|
CODICIA
Y LIBERTAD DE EXPRESION
Por Helio Gallardo
www.semanario.ucr.ac.cr
Con motivo de la
ejecución de Parmenio Medina, Radio Universidad de Costa Rica tomó
la iniciativa de organizar un panel relacionando el asesinato con
los desafíos que enfrenta la libertad periodística de expresión.
Lo que pudo ser una buena idea se transformó, sin embargo, vía la
escolar flojedad de la producción, en estereotipos ("¡esto no
es propio de los costarricenses!"), generalizaciones vagas
(Medina habría sido asesinado por 'la' violencia o la 'abundancia
de armas') y bombeterías (un panelista reiteraba sentirse también
amenazado porque él en sus clases da opiniones (!)).
La gente en la
calle cree que Parmenio Medina fue asesinado porque frustró o
entorpeció un negocio ilícito, probablemente lavado de dinero, que
se realizaba teniendo como mampara una o varias empresas legales. El
trabajo de Medina chocó con la codicia del crimen organizado.
Primero contra una expresión del narcotráfico. Después, contra
homicidas alquilados. La gente puede estar equivocada. Pero es lo
que dice en la calle.
En el transcurso
del panel, una oyente, quizás fastidiada con las reiteraciones
cansinas de quienes posaban de expertos, sentenció con una frase:
"¡A Parmenio lo mataron cuando Radio Monumental censuró su
programa!". La radioescucha relacionó así la codicia del
crimen organizado con la codicia empresarial. En efecto, los
empresarios de Monumental quisieron acallar a Medina 'para no
lesionar su patrimonio' y porque 'habían recibido amenazas de
retiro de anunciantes si La Patada seguía hablando de Calvo y de
Arrieta'. Peculiarmente, la posición de Monumental contra los
derechos de Medina fue respaldada por un abogado de "La Nación"
S.A. quien confirmó que una empresa no podía arriesgar su negocio
y que no debía hablarse de Calvo porque se trataba de asuntos
privados (LN, 01/05/01). Como se ve, no es difícil establecer
asociaciones entre las codicias empresariales ilegales y las
legales. E incluso arriesgar que pueden resultar complementarias. Sólo
que los atropellos de la última son compensables y reversibles por
los tribunales. Al asesinato de Medina, en cambio, no se le podrá
hacer nunca justicia.
La codicia
empresarial es un tipo de corrupción de la existencia humana y,
desde luego, es incompatible con la libertad de expresión. La
avidez por status y dinero no debe hacerse nunca pública.
Parafraseando al letrado Guier: 'es asunto privado'. Que, por
desgracia, mata en público.
La codicia que
odia la develación y la crítica es factor seguro de descomposición
social.
Un funcionario
de La Nación lo acepta. Para él, el afán desmedido de riqueza (¿es
estimable otro sentimiento dentro de la organización capitalista de
la existencia?) provoca en Costa Rica "un proceso de degradación
moral e institucional que ha minado sus tradicionales fortalezas
como nación". La sociedad cede terreno "ante una oleada
de corrupción, banalización e indiferencia que carcome ya los
cimientos de la democracia misma" (LN, 10/07/01). Buen apunte.
Pero lo que se carcome es el referente básico de las instituciones
democráticas: el Estado de derecho. Contradictoriamente, el certero
diagnóstico del funcionario no asigna a los medios masivos
responsabilidad por esta descomposición.
Que la tienen lo
prueba una afirmación del mismo abogado que respaldó a Monumental
en su afán por silenciar a Medina: "En Costa Rica se está
protegiendo a maleantes, quienes, primero, empiezan amedrentando a
los periodistas con querellas y demandas, y ahora lo hacen contra la
vida" (LN, 09/07/01). La apetencia espuria pone en el mismo
saco una demanda legal (propia de un Estado de derecho) y un
homicidio (un ilícito). ¿No es perceptible el tufo de la
descomposición en esta histeria por imponer codicias particulares?
La gran enseñanza
de la vida de Parmenio Medina fue que no puso su capacidad de
expresión al servicio de una codicia particular, sino de la
existencia social. Por eso hizo periodismo popular.
Y aunque otros
periodistas, por su empleo precario, no puedan practicar esta enseñanza,
deberían recordar, en particular los de La Nación (y sus
abogados), que la legislación protege, hasta donde el Estado tiene
voluntad, un ejercicio lícito de la profesión. Pero si la ley
absuelve de toda responsabilidad social efectiva a los gacetilleros
en nombre de la noticia hecha negocio, de la codicia disfrazada de
libertad de expresión, entonces es la guerra. Y en la guerra mueren
los soldados honestos, como Parmenio Medina, y también aquellos que
ingenua o perversamente sostienen que se puede servir a la avidez y
a la sociedad, tesis nuclear de la Sociedad Interamericana de
Prensa.
Aunque sea la
que tire del gatillo, en la guerra nunca muere la ambición letal
por acumular capital y poder. Despierten a la vida, periodistas. Ese
sería su mejor reconocimiento al testimonio social de Parmenio
Medina.
|
|
volver al index |
| subscribirse
al forok |
| archivo |
| galería |
| enlaces |
| discuta |
| correoducto |
|