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Odios
perros
por Jorge
Jiménez
El asesinato de
Parmenio Medina es un fruto simbólico y material de este
capitalismo torvo con que ha despertado el siglo. Este que entronizó,
en medio de la orgía neoliberal, un dios de doble mirada: la que
mirando ambiciosamente la celebración de todo tipo de negocios y
subastas con la condición humana, con el afán de acumular fortunas
a toda costa, señala sombriamente con la mirada de la muerte a todo
aquel que dice, lucha, escribe, marcha, piensa, canta y vive contra
esta ordalía que lo vende todo, que lo compra todo, que etiqueta
nuestros cuerpos con barras de códigos y con barras de plomo.
El poder siempre supo
matar y siempre lo ha hecho. Por eso sicario es una palabra tan
vieja que pertenece en su origen al latín romano. Pero el
capitalismo de signatura neoliberal ha aprendido a matar de una
manera lujuriosa y obscena. El sicariato es la garra
visible-invisible, el zarpazo ejecutor, de una cultura de la muerte
que, fuertemente pertrechada en el búnker político y empresarial,
nos ha secuestrado social y políticamente y nos quiere dóciles
compradores, fatigados trabajadores, acongojados deudores,
indiferentes tele-espectadores, mientras el tejido social se
deshilacha y la vida se nos derrama por los caños. Este capitalismo
lo administra una dinastía de farahones de telenovela que han
creado una miseria humana y material de tales proporciones que
produce, en consecuencia, un tipo desastroso de ser humano: el que
celando su negocio o el que vengando su denuncia o su arresto,
realiza un negocio más: compra los servicios de la bestia asesina,
la que es capaz de matar a quien sea por un encargo de negocios.
Esto no es nuevo, por desgracia, pero tampoco ha sido erradicado.
Peor aún: ahora está disfrazado y magnificado por la investidura
de quien se desempeña en la política o en los negocios, y por
quien con su silencio o encubrimiento, en otras esferas de la
sociedad, permite que todo que impune.
Frente a esta
arremetida de la muerte respondamos con la lucidez del pensamiento
claro, valiente, crítico, serio y abierto, con la solidaridad
efectiva, permanente y militante, con la resistencia radical frente
a los señuelos de la vida fácil e inconsciente, de la actitud frívola
e indiferente.
Larga vida a la
memoria y al ejemplo de Parmenio Medina.
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