
Varias horas permanecí con el termómetro bajo la axila hasta empezar a sentir los primeros movimientos. Al fin abrí el brazo suavemente para sacar los restos de la ampolla rota y dejar que los nuevos termométricos se arrastraran hasta mi hombro. Incliné la cabeza hacia ellos: en su dulce media lengua de mercurio me llamaban «mamá».
Ana María Shúa (Argentina 1951) Obras: Soy paciente, Los amores de Laurita y El Sol y yo. El cuento ha sido tomado de Puro Cuento, Buenos Aires nº 21.