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Latin
lover por Helio Gallardo
http://cariari.ucr.ac.cr/~semana/opinion.html
El estereotipo
del "latin lover" fue difundido en el siglo pasado
por Hollywood y es probable que en su gestación haya influido una
aversión, quizá inconsciente, por el éxito erótico y sexual de
Rodolfo Valentino. De cualquier forma, el "latin lover" se
cristaliza en un galán amanerado que corteja profesionalmente a las
mujeres abusando de la debilidad (?) romántica de éstas. El
"latin lover" puede carecer de potencia sexual efectiva
(de un pene formidable, digamos) ya que se trata de una 'fantasía'
femenina. Se sugiere que tras el "latin lover" se
encuentra un afeminado, en el sentido de alguien hipócrita y
cobarde. Obviamente, el 'latin lover', mero gestor de situaciones
amorosas, proyecta una imagen degradada del macho real (?), estilo
James Bond, ejecutivo sexual.
Con el tiempo,
los estadounidenses descubrieron que "mover las caderas" y
fumar marihuana eran parte de la "chispa de la vida".
Desde luego, esta sensualidad, contraria a su puritanismo, les fue
'enseñada' por afroamericanos e hispanos. Se abren así nuevas
cristalizaciones del 'latino'. La de la 'fiesta' incesante,
culminada con Ricky Martin, y la del consumidor de 'hierba', que
pasa por Santana y la desaseada (grasosa) inmigración mexicana.
Ambas son también degradaciones del anglosajón parco que vive sus
gratificaciones en los negocios y con la familia y elimina impurezas
mediante el prolijo aseo diario y su religión civil: laborar,
respetar la propiedad y ganar dinero.
En este mundo de
estereotipos, no resulta fácil ser "latino" o, más
latamente, de "raza hispana". Se debe estar atento no sólo
a desplegar anglosajona o afroamericanamente el pene, sino, sobre
todo, a no parecer moral y físicamente seboso (oily). No extraña,
por ello, que 'Claudio Campuzano', una marca con la que el periódico
"Tiempos del Mundo" intenta realizar un puente entre los
latinoamericanos y un residente de Nueva York, se sienta obligado a
exponer con fiereza el deseo de venganza, post Torres Gemelas, que
él atribuye a sus conciudadanos.
Su furia, en
busca de alejar toda sospecha de sebosidad, parte con un anatema
hacia quienes discuten, desde América Latina, la conveniencia de un
desquite estadounidense, idéntico en procedimientos y fines, contra
los sospechosos de autoría en los ataques a Nueva York y
Washington. Los califica de "alineados con la barbarie para
escarnecer a Estados Unidos", "partidarios de capitular
ante el temor y la desesperación" y apropiada
damente, por su
adhesión al miedo, de "subdesarrollados". Estados Unidos
es, por el contrario, civilizado, reacciona patrióticamente ante la
adversidad, y tiene capacidad para aniquilar a su enemigo ("La
que se viene", 20-26/09/01).
Para destruir
rivales, Estados Unidos debe pactar con otros terroristas. Después
de todo los enemigos son "bastardos" y ante ellos no cabe
inquirir la causa de su furia, ni intentar razonar, ni emprender
acciones legales, sino hacer lo debido: "... ir a la guerra
contra los que han lanzado esta terrible guerra contra
nosotros", aunque ello signifique incluso "perder algunas
de las libertades" ("Carta de Nueva York"). Este
extremismo 'latino' hace coro al editado por The Washington Post.
Aquí los contrarios son actores de "fuerzas del mal",
"enfermos", "lunáticos resentidos" a los que se
debe "responder con represalias masivas" (H. Bering, ídem).
Una observación:
sin duda, Estados Unidos tiene capacidad militar y geopolítica para
golpear a quien se le ocurra. Puede hacerlo con razones o sin ellas.
Puede agredir solo o usando a otros. Lo que se objeta es si la
brutalidad constituye un medio civilizado (moral) o que asegure
eficacia (política y geopolítica). No se trata sólo de vengar un
ataque, sino de concurrir a extirpar la violencia de la cual el
terrorismo es un factor. ¿Por qué un juicio de este tipo tendría
que ser medroso, bárbaro o 'seboso'? Ni siquiera excluye acciones
de fuerza civilizada contra todas las expresiones de terror y
terrorismo.
Nota de
'realismo político': el futuro electoral del presidente Bush
requiere hoy una acción espectacular y 'exitosa'. Está
debilitado por el aroma del fraude contra Gore, una economía a la
baja, errores internacionales (ambiente y Oriente Medio), y resultó
golpeado por el derrumbe de las Torres Gemelas y el Pentágono. Su
reelección peligra. ¿Vale la pena acrecentar inseguridad y
violencia globales vía la retaliación para intentar asegurarla? ¿Será
esta mezquindad 'civilizada'?
Campuzano inicia
una de sus diatribas para que no lo mezclen con un subdesarrollado
'terrorista lover' con la siguiente proclama: "Tratar de
encontrarle sentido al brutal ataque que sufrió Estados Unidos la
semana pasada es imposible. Sólo podríamos lograrlo si tuviésemos
la misma mentalidad que los que los perpetraron, y ¿quién de
nosotros querría tenerla?". Y uno aquí imaginando que sólo
en Costa Rica existían periodistas que o no leían su producción o
no captaban el alcance de sus opiniones.
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