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      La abolición del trabajo


      "La mayoría del trabajo en esta época es estúpido, monótono, pudridor del cerebro, irritante, sin sentido, y básicamente consiste en el proceso agonizante de ser lentamente aburrido hasta la muerte por un período de 40 a 45 años de labor fatigosa y servil. Marx tenía toda la razón al llamarlo esclavitud de pago. "Casi toda la gente ya sabe esto, pero les da miedo reconocerlo, puesto que odiar el trabajo se considera síntoma del comunismo u otra enfermedad horripilante." -Robert Anton Wilson.

      ¿Por qué abolir el trabajo?

      Por el valor del «tiempo libre»: su único aspecto «libre» es que no le cuesta absolutamente nada al jefe. El tiempo libre se dedica mayormente a alistarse para el trabajo, trasladarse al trabajo, regresar del trabajo, y recuperarse del trabajo.

      Por la libertad para escoger: podés eligir a tener la vida arruinada por tener un trabajo, u optar a tenerla destruida por no tener un trabajo.

      Nadie debe tener que trabajar jamás. El trabajo es la causa de casi toda la miseria en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar, pero eso no significa que tengamos que dejar de hacer cosas necesarias, sino crear un nuevo estilo de vida que se base en el juego: en otras palabras, fomentar una revolucion lúdica. Eso significa festividad, creatividad, convivencia, comensalía y arte.

      Los expertos, quienes se proponen pensar por nosotros, raras veces comparten sus ideas acerca del trabajo y su importancia en nuestras vidas, sino que pelean entre sí acerca de los detalles.
      Los sindicatos y gerentes están de acuerdo en que debemos vender el tiempo de nuestras vidas por la sobrevivencia, aunque regatean en cuanto al precio.


      cruz roja cruz roja

      ( ¡ Suave, mae !
      ¿ Dónde está el botiquín ? )


      Los estalinistas piensan que los burócratas han de ser nuestros jefes, mientras que los neoliberales quieren regalar ese privilegio a los negociantes.
      A las feministas nos les importa cuál forma tiene la subyugación, con tal manden las mujeres. Es claro que estos traficantes de ideologías difieren en términos de cómo se debe distribuir el poder. Igualmente claro es que ninguno se opone al poder como tal y que todos quieren que sigamos trabajando.

      El trabajo se burla de la libertad. El dogma oficial es que todos tenemos derechos y que vivimos en una democracia, que los demás desafortunados, no tan libres como nosotros, deben existir en estados totalitarios. Esas víctimas obedecen las órdenes, no importa cuán arbitrarias sean. Las autoridades los mantienen bajo vigilancia y los burócratas del estado controlan hasta los pormenores de la vida cotidiana. Los oficiales que los dominan sólo tienen que responder a sus superiores, y en todo caso, castigan la disensión y desobediencia. Los informantes los reportan a las autoridades. Así es la cultura en los lugares donde reina el trabajo moderno.

      Un trabajador es esclavo de medio tiempo. El jefe te dice cuando tenés que llegar y salir, y qué debés hacer en la jornada laboral. El determina cuánto tenés que trabajar y cuán rápido. Es libre de llevar el control hasta extremos humillantes, estableciendo, en muchos casos, hasta la ropa que debés de vestir o cuando podés ir al servicio sanitario.

      Paul y Percival Goodman calcularon que con sólo el 5% del trabajo que se hacía hace 20 años -y se supone que la cifra sería bastante más baja ahora- se satisfarían nuestras necesidades mínimas de comida, ropa, y vivienda.

      El trabajo de tipo improductivo en nuestra sociedad ha crecido sustancialmente. Puesto que el trabajo es superfluo excepto para conservar el poder de los que mandan, los trabajadores son trasladados de los oficios relativamente útiles a los mayormente inútiles, una medida para asegurar el "orden público". Para los mandatarios, cualquier oficio es mejor que nada. Sencillamente, quieren tu tiempo, y en cantidades suficientes para poseerte, aunque casi no ocupan tus horas para propósito práctico. De no ser así, ¿por qué no se ha disminuido la semana laboral en los últimos cincuenta años?

      Se puede reducir en gran medida el trabajo de producción, eliminando las industrias de armamentos, de comida rápida, del poder nuclear, las fábricas de desodorantes, y sobre todo, la producción de autos. Unos cuantos carros al estilo antiguo serían suficientes, pero el carro-erotismo, del cual las mazmorras pestilentes de Los Angeles y Detroit dependen, ha llegado a ser intolerable. Así se podría resolver en gran medida la crisis de energía, la contaminación ambiental, y varios otros problemas sociales.
      Los científicos, ingenieros, y técnicos liberados de hacer investigaciones sobre aparatos militares y los objetos destinados a caer en desuso, pueden divertirse mientras buscan formas de eliminar la fatiga y el tedio y peligro de actividades como la minería.

      Nadie puede predecir los efectos de liberar el poder creativo que ha sido frustrado y neutralizado por el trabajo.
      El debate del tema de la libertad versus la necesidad, con todas sus alusiones teológicas, se resuelve de manera práctica una vez que la producción de valores de uso esté en función de las necesidades reales y no constituya más que una placentero juego social.

      ¡Trabajadores del mundo descánsense!


      El texto completo y original de este ensayo aparece en The Abolition of Work and Other Essays, de Robert Black, publicado por Loompanics Unlimited. Pt. Townsend, Washington, 1986. Se puede citar, duplicar, traducir, o adaptar sin el permiso del autor, y hasta sin mencionar la fuente. Traducción de Sonya L. Kozicki Jones para KASANDRA. Gracias Sonya, por tu trabajo.


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      ** ADVERTENCIA: ¡ EL DIABLO ANARANJADO QUEMA! **