Politizar el abstencionismo


Abstenerse de ir a votar es un acto que no están dispuestos a perdonarnos. No les importa tanto si el voto. Lo que quieren a toda costa es que marchemos obedientes a las urnas, que con nuestra presencia legitimemos el sistema electoral que ellos se han inventado: el que les permite seguir montados en el poder.

Se ha dicho que los abstencionistas conforman un sector amorfo y apático. Es posible que así sea. En todo caso es preferible que sea[mos] de esa forma a que sea[mos] un disciplinado grupo de fanáticos necesitados de que alguien les organice la existencia.

El abstencionismo es una forma de participación política, de votar sin mancharse el dedo. Es una forma de «botar»: no votamos por los políticos, botamos a los políticos.

Aquí en llamamos a politizar el abstencionismo: es decir convertir nuestro asco e indiferencia en formas más corrosivas y perniciosas de oposición. Esta revista es un intento en ese sentido. Pero no tenemos recetas. Hace cuatro años organizamos lo que dimos en llamar «el Carnaval de la Derrota»: es decir un desfile de payasos, mimos, travestis y delirantes. Fue demasiado para este carcomido sistema: nos detuvieron. La demokracia no da para tanto. No tiene ni sentido del humor.

Hace cuatro años éramos una minoría. Hoy lo seguimos siendo pero hay más gente que se ha sumado o al abstencionismo o a la campaña por el voto nulo. Hace cuatro años unos pocos hicimos graffitis que decían Todos prometen, nadie cumple, vote por nadie. Hoy esa frase la esgrimen un sector más amplio de gente. Eso nos agrada.

La democracia debería privilegiar la expresión de los diferentes, de las minorías, de los descontentos, de los marginales. La democracia debería garantizar que las minorías sean escuchadas por el resto de la sociedad. En este país sucede todo lo contrario. Lo que vivimos es una especie de dictadura demokrática en detrimento de los matices que conforman la sociedad, que siempre serán minoritarios.

Por todo eso recomendamos para este verano electorero: comparsas de abstencionistas, mejengas antielectorales, caravanas de indiferentes, papeletas vudú, peregrinaciones de despistados, huelgas de gula, en fin.

Desde este escenario de letras y papel llamamos a descontentos, desencantados y malhumorados, a los que tienen mal aliento y amanecen con malestar en la sepultura, a todos los que esta sociedad tica les causa algún tipo de sarpullido o hemorroide, para que politicemos esa agüevazón y escupamos contra la miseria de vida que nos han recetado los dueños del asilo.

KRISTINE PIEDRA


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